Monografía nº 14. La campaña de Cataluña
Edición de 1979
En Cataluña puede decirse que termina la guerra civil española. En verdad que simultáneamente con la ofensiva del general Franco allí iniciada el 23 de diciembre de 1938, o poco después, tendría lugar en el teatro de guerra andaluz la dura batalla de Peñarroya, a la que habitualmente no se suele conceder demasiada importancia, pero justamente, pues, no influyó lo más mínimo en la suerte de las armas en tierra catalana ni el destino final de la contienda.
Cataluña fue siempre considerada como un objetivo militar a la vez importantísimo, casi decisivo, y a la vez peligroso, explosivo y de repercusiones quizás internacionales. Después de Madrid, no hay otro de tan alta calidad estratégica, pese a lo cual se diría que el Alto Mando nacional tiene verdaderas aprensiones para decidirse a atacarle, buscando siempre, y a veces encontrándola, alguna razón que aconseje dejarlo «para lo último».
Para lo último, se piensa en el verano de 1936. En la primavera de 1938, luego de la avasalladora ofensiva en el valle del Ebro y la llegada al mar, una amenaza de internacionalización de la guerra aconseja al general Franco fijar su atención en otros frentes. La contienda se alarga así, dando lugar a una inacabable ofensiva en Levante y a la cruenta y larga de cuatro meses batalla del Ebro, pero cuando ésta termina la Campaña de Cataluña se alza imperiosa, demandando sin disculpa alguna su realización.
Los hechos confirman los pronósticos. Allí está la decisión última y el verdadero final de la guerra. La Campaña, tras el vencimiento de las fuerzas del Ejército Popular en los meses anteriores —batalla del Ebro y batallas parciales del Segre— será rápida, triunfal y resolutiva. La guerra entra así definitivamente en su recta final y un 1 de abril impreciso aparecerá ya, imposible de negar, en el horizonte.
Cubierta: Soldados de la 5.ª División de Navarra llegan a la frontera francesa de Le Perthus, con el inevitable gesto triunfal de su expresión y sus ademanes.

