Monografía nº 18, volumen II. La lucha por la victoria
Edición de 1991
Con la primavera de 1937 los dos bandos que se enfrentan en la guerra española adoptan aptitudes definitivas para lograr la victoria. Se podría decir que los anteriores meses han sido de tanteo, de improvisación de una fuerza, de tratamiento —adecuado o no— de algo tan importante en una guerra civil como es la retaguardia y la política.
Franco va a lanzarse a suprimir el frente cantábrico, apoderándose así de todos sus recursos. Prieto, Negrín y Vicente Rojo intentarán evitarlo atacando, a veces con fuertes efectivos, en territorios alejados. No lo conseguirán y en el otoño todo el Norte habrá cambiado de manos, con resultados que, a la larga, serán decisivos.
Los vencidos allí sacan sus consecuencias. Deciden llamar reemplazo tras reemplazo, sustituir el material perdido por otro y esperar a que la situación general europea les sea favorable. Militarmente, ya no aspiran a ganar la guerra sino a no perderla, retrasando su final. Mientras desarrollan una gran actividad diplomática, emprenden algunas acciones bélicas ambiciosas; pero sus Ejércitos tienen pies de barro y Franco convertirá esas acciones en cruentas batallas de desgaste, alternadas con maniobras de alcance estratégico, que su oponente apenas podrá detener.
Un mejor empleo de los servicios y de la recuperación del desgaste natural, más la existencia de una retaguardia segura, eficaz y en orden, llevará definitivamente, en el plano inclinado en que unos y otros se mueven, a ser Franco dueño absoluto de todos los factores que deciden una guerra. Sabe esperar y eso que la situación europea resulta cada día más grave, pues el telón de fondo internacional es, desde marzo de 1938 y durante un crítico año, una serie de agresiones de Hitler, que denuncian la inminencia de un conflicto general.
El 1 de abril de 1939 es para España un final inevitable, unido a un fuerte respiro.
Cubierta: Franco en un vagón de su cuartel general «Términus», con el jefe de operaciones, teniente coronel Barroso, y el de cartografía, comandante Medrano.

